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El gen causante de la agresividad

Comportamiento agresivo
Todo lo que concierne al gen de la agresividad comenzó hace dos décadas, cuando un grupo de mujeres holandesas se propuso encontrar una explicación para la conducta antisocial de los hombres de su familia. Además de tener dificultades de aprendizaje, estos hombres y niños fueron propensos a los estallidos de agresión y fueron acumulando una lista de faltas graves, como incendios provocados, intento de violación y asesinato. Sospechando que el comportamiento podría ser hereditario, las mujeres se dirigieron al genetista Hans Brunner en el Hospital Universitario en Nijmegen, Países Bajos. Finalmente, en 1993, se localizó al culpable: una variante de un gen llamada monoamina oxidasa A, o MAOA, que se encuentra en el cromosoma X.
Es comprensible que el anuncio causó sensación. Era la primera vez que un gen se pudo vincular a la agresión humana y, encima, el MAOA parecía ser responsable de una historia de violencia que provenía cinco generaciones atrás.
En los años siguientes, la prueba sirvió para reforzar la conexión entre MAOA y la agresión. Luego, en 2004, la periodista Ann Gibbons selló el vínculo dando MAOA la etiqueta de “gen guerrero”.
Desentrañar la interacción entre los genes y el comportamiento es una de las más duras tareas de la biología. La publicación del código genético humano, hace una década, disipó la ilusión de que con el mapa genético de nuestra especie se daría una idea clara de nuestra naturaleza. En su lugar, lo que quedó claro es que tenemos muchos menos genes de lo que nadie se imaginaba, y que la comprensión de estos va a ser una tarea colosal.
Dejemos un poco la historia y centrémonos en lo que hace ese gen MAOA: el llamado “gen guerrero” es en realidad un recolector de basura molecular. Codifica una proteína que rompe algunos de moléculas de señalización del cerebro cuando han dejado de ser útiles – como serotonina, noradrenalina y dopamina. El gen se presenta tiene variantes, que se distinguen principalmente por sus niveles de actividad. Debido a que se encuentra en el cromosoma X, las hembras pueden tener dos formas diferentes, mientras que los machos tienen una sola. La variante de baja actividad llamada MAOA-L, tiene la región promotora un poco más corta de lo normal (la región que controla la actividad del gen) y, la otra variante común, MAOA-H, es más activa y produce un mayor número de proteínas. Bien, pues el año pasado, Kevin Beaver de la Universidad Estatal de Florida, Tallahassee, encontró que los niños que llevan MAOA-L fueron más propensos a unirse a las pandillas, y tenían cuatro veces más probabilidad de usar armas en una pelea. Pero no hay que ser determinista. Un tercio de la población blanca tiene esta versión y la mayoría de ellos no tienen nada que ver con las pandillas.
La agresión no es el único comportamiento asociado a MAOA. MAOA-H se ha relacionado con decisiones financieras arriesgadas, como jugar a la lotería y compras no seguras. Las variantes de baja actividad, mientras tanto, están implicadas en numerosos otros rasgos como la depresión, la ansiedad, el trastorno de hiperactividad por déficit de atención, anorexia, esquizofrenia, neurosis, la ludopatía, el tabaquismo y el alcoholismo.
Para que veáis lo complejo que es la biología, en un estudio reciente de Taiwán, por ejemplo, de alta actividad MAOA fue implicado en la gota, una condición dolorosa causada por la acumulación de ácido úrico en sangre. El vínculo no es obvio, pero MAOA afecta los niveles de la dopamina y la dopamina afecta la capacidad de los riñones para eliminar el ácido úrico.
Todo esto era para abrir un poco las miras y que se tenga en cuenta que no todo tiene una simple causa-efecto directa. El mundo de la biología es impresionante y la genética ayuda una vez más a explicarlo. Espero que os haya gustado.